Mi esclavo querido;
Quiero que sepas lo que se siente el dolor y el placer que a su vez da el proporcionarlo; quiero que veas a mis ojos y reflejes en ella tu pobre e ignorada alma que desde ahora estará en mis manos, desde ahora y para siempre.
Quiero que beses los pies, que seas mi perro, que sientas que tienes la obligación de servirme por el solo hecho de ser inferior. Pero por sobre todo, quiero que sientas lo que es ser esclavo de la dulzura con la cual te otorgare suaves y cariñosos castigos, para “enderezar” tu torcida existencia.
Quiero que empieces a amarme desde hoy, porque se que después que caigas en mis brazos no podrás salir jamás.

